[Sitges 2011] Juan de los muertos

[Entrada escrita y publicada para Nido de cuervos]

Y cuando creíamos que lo habíamos visto todo en el género zombi, llega Juan de los Muertos y te descubre que hay esperanza más allá de Hollywood. Película de Antonio Brugues, zombis a la cubana. Y no hablo del plato de arroz.

Genial, divertida, gamberra. Es un gozo de principio a fin. Es para pasarlo bien todo el tiempo. Es atrevida y tiene una historia sencilla pero fulminante. Juan, un cubano de 40 años que ha pasado toda su vida sin hacer prácticamente nada ve como a su alrededor empiezan a ocurrir unos hechos extraños. La gente se siente violenta y se atacan unos a otros. Al principio y según fuentes oficiales por televisión se trata de disidentes pagados por el gobierno de Estados Unidos que pretende destruir la Revolución; pero poco a poco, y de la mano de su amigo Lázaro, que es otro pájaro de cuidado; se dan cuenta de que los vecinos no son quienes eran. Se han transformado en algo, y no son vampiros u hombres lobo. Hay que destrozarles la cabeza para acabar con ellos. Algo está claro… disidentes no son. Como cualquier buen cubano, se pone rápido manos a la obra. Acompañado del hijo de Lázaro, Vladi; y de su propia hija que tiene bastantes recelos contra su padre, Camila; abren un pequeño negocio donde se encargar de matar a los zombis y limpiar los cuerpos por un módico precio. Juan de los muertos, matamos a sus seres queridos. ¿En qué puedo ayudarle? Es su eslogan. Atrapa. Y hacen su agosto.

Excepcional interpretación de todos los actores, en especial el dúo de maduritos. Juan (Alexis Diaz de Villegas) y Lázaro (Jorge Molina). Son hilarantes, son brillantes. Se desmarcan de todo lo previamente visto. No hay momento en que no te estés riendo a rabiar con ellos. Porque es una película costumbrista cubana total. Porque es divertida y porque tiene sangre a borbotones. Al grito de disidentes y armados con todo lo que encuentran, demuestran unas dotes de artes marciales totalmente surrealistas. Pero no nos importa, porque es un film impresionante. De principio a fin.

Con una gran banda sonora y una fotografía excepcional, esta película se adereza con un guión inverosímil y cuasi perfecto. No hay muchas pegas que añadir, es un visionado prácticamente obligatorio.

Lo mejor: Juan, sin lugar a dudas.

Lo peor: nada que añadir!

[Sitges 2011] The woman

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Se ha generado mucha expectación entorno a la última película de Lucky McKee. Aunque director desafortunado en las previas cintas yo guardo un grato recuerdo de May (2002), donde una sublime Angela Bettis me mantenía a la silla sin poder moverme. A pesar de toda la polémica generada en el visionado del Festival de Sundance, con esta película no van a haber desmayos ni hay una clara muestra de degeneración de la imagen femenina; tal y como aquel caballero gritaba en el video de promoción. Es una cinta donde se pone al límite la condición humana, más bien el monstruo que reside en algunas personas.

Co-escrita con Jack Ketchum, estas cuatro manos han originado el guión de la misma y, casi al mismo tiempo, la novela. Pensada como una secuela de Offspring (Andrew Van Den Houten, 2009), se puede ver totalmente independiente de ésta  ya que son dos historias diferentes. En Offspring nos hacemos eco de una ‘familia’ de caníbales y aquí, sólo vemos a una superviviente del clan vagando por el bosque.

La historia nos cuenta como un padre de familia, que aunque pretende ser mostrado como modélico huele a mierda por todos lados desde el primer minuto; sale de caza y se encuentra con una mujer salvaje que vive en el bosque. Ni corto ni perezoso decide secuestrarla para educarla de nuevo y convertirla en un ser civilizado. Nada más lejos de la realidad, por eso. Le cuesta poco empezar un proceso de continuas humillaciones y vejaciones en las que rápidamente se apunta el hijo también. La desgracia es acallada por las mujeres de una familia que vive en el más absoluto terror hacia la figura del padre, que no es más que un sádico con muchas emociones contenidas. A medida que padre e hijo van torturando a la mujer salvaje se masca la tragedia, una venganza que sabes que va a llegar por parte del elenco femenino y que igualmente te deja pegado al asiento.

Las interpretaciones son bárbaras. Tanto el padre de familia, Sean Bridgers, que es un hijo de puta como la copa de un pino y tiene una mirada que te deja seca como la madre obediente y asustada, Angela Bettis again; una actriz que tiene una expresión irrepetible están perfectas. Uno tras otro, los actores van acometiendo su rol dejándote plantada ante la película.

Sobre si deberíamos discutir la posible ‘misoginia’ de McKee, es prácticamente estúpido. Sus películas no tienen nada en contra de las mujeres y ésta, quizá más, o lo que vendríamos a decir; menos. McKee nos muestra a un hombre ambicioso de poder sobre los bienes y sobre las personas, un hombre violento, podrido, un ser totalmente descarnado de alma. Y no lo hace con un único personaje, como el padre. Sino que nos muestra un hijo que es una imagen calcada de su progenitor, un futuro aprendiz de maltratador y de sádico. En cambio, nos muestra unas mujeres fuertes, que luchan, que intentan huir del manto opresivo de la masculinidad, que piensan por si mismas (aunque algunas demasiado tarde) y que pueden salirse con la suya en una escala de justicia total.

Finalmente recalcar que es una cinta no apta para todos los públicos. Empieza con un mordisco y una bofetada pero es sólo eso, el principio de un gore y una violencia absoluto que tiene un crecimiento exponencial a lo largo de la misma. Es una escala que te va metiendo totalmente en la tortura con momentos altamente sangrientos.

Sobretodo es importante quedarse tras los créditos ya que ofrece un epílogo fuera de lo normal, sorpresa absoluta.

LO MEJOR: las interpretaciones maravillosas de todos los actores. Del primero al último se lucen de maravilla

LO PEOR: la banda sonora que acompaña la cinta. Un poco disonante para el tono de ésta.

[Sitges 2011] The Caller

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Para todos aquellos que hayan visto Frequency, esta película no les va a ofrecer un gran argumento original. La trama es muy básica y aunque en ocasiones esto ayuda, en este caso no es así. Mary Kee, una víctima de violencia doméstica, se traslada a una casa viejísima de la isla de San Juan para huir de su ex marido. Allí hay un teléfono más viejo que el comer que empieza a sonar dando lugar a unas conversaciones poco convencionales con una señora llamada Rose. No hay que ser muy lince para darse cuenta de que Mary habla con un punto en el tiempo en el pasado, sobre 1979. Al principio, haciéndose amiga de nuestra vieja Rose la ayuda a lidiar con su abusivo (violento) marido y Rose acaba excediéndose. Como Mary siempre ha vivido en San Juan, Puerto Rico; las líneas de acción que Rose toma en el pasado modifican la estructura del presente de Mary.

Personalmente creo que hubiera funcionado mucho mejor como corto o telefilm. La trama es la que hay, no tiene más. ¿Cómo hace el director, Matthew Parkhill; para sostener esto 90 minutos? Pues repitiendo una y otra vez las mismas acciones. Llamadas y más llamadas que no aportan nada y un par de subtramas totalmente anodinas que no nos pueden dar más igual. Una es la del ex marido, Ed Quinn, que pasa por el film como si se hubiera dejado la cartera sobre la mesa. Ahora entra, ahora sale. Ahora hace de malo, ahora no me acuerdo ni de que este personaje existía. Y la segunda, es la típica relación amorosa con el profesor de la universidad, que cae rendido a los pies de Mary Kee. Éste es Stephen Moyer, que aunque está correcto en su interpretación tiene un aura de Bill que no se puede quitar de encima. Y unas raíces italianas que me gustaría que alguien me explicara…

Sobre Mary Kee, Rachelle Lefevre; muy sobria. Intentando salvar la película en cada llamada telefónica, dando grititos y aportando todo la energía que puede para sostener un ‘terror’ nulo. Lorna Rover, nuestra Rose; tiene una voz embriagadora y digna de una dosis de horror. Pero su papel tampoco ofrece mucha chicha, con lo que se agradece cada vez que habla pero se asocia a la ‘pesadez’ de la iteración de las llamadas.

¿Visión global de la cinta? Como premisa estaba bien, era prometedora. En cuanto a original, ya habíamos visto algo parecido en películas anteriores, aunque no aplicadas al género de terror en exclusividad. El problema reside en que el guión, Sergio Casci; no da mucho juego y el director tampoco se lo ha currado en exceso. Ha tenido una idea y ha desarrollado un largometraje entorno a ella; pero no ha pensado que la idea es diminuta y se necesitaba un poco de aderezo para condicionarla. Mucha llamada y poca acción. Muchas veces lo mismo para explicar nada… y un final, que no quiero desvelar; totalmente patillero.

Yo me pregunto, si yo fuera el protagonista; ¿qué haría yo en esta situación? ¿Haría esto? ¿Podría llegar a esta conclusión? Y con esto, intento decidir si los finales son contundentes, son consecuentes con la línea argumental. ESTE NO LO ES…

Lo mejor: Rachelle y Lorna, que se trabajan mucho el papel.

Lo peor: que nos sobran 60 minutos de película.

Festival de Sitges 2011

Recientemente he recibido, por parte del programa Divendres de TV3, un abono matinée para ir al Festival de Sitges. Así que iré subiendo las críticas de las películas que vaya viendo. Si, voy tarde con esto porque he visto millones de películas ya pero no hay tiempo para comentarla todas y algunas las he ido publicando en el blog de cine de terror:  http://elcuervoenteradillo.blogspot.com

Ya sabéis😉

 

Allen Ginsberg y uno de sus poemas más emblemáticos ‘Aullido’ se dan vida en este documental que corre a cargo de Rob Epstein y Jeffrey Friedman. Directores bastante conocidos por otros trabajos documentales previos, sobretodo el que se llevó a cabo alrededor de la figura de Harvey Milk; se inician con el primer largometraje sobre el poeta. Su siguiente proyecto estará basado en Linda Lovelace.
Uso la expresión ‘se dan vida’ porque pese a la dificultad de generar una película basada en dos secuencias clave, se consigue mediante animación, dibujos y una línea alternativa de rodaje crear un largometraje distendido. Las únicas secuencias de Allen, representado por James Franco; son el primer recital del poema por él y una entrevista que dio después. Este recital provocó su inserción, junto a sus amigos Jack Kerouac y Neal Cassady; en el movimiento beat en 1955 y a la vez le trajo a la palestra junto a su editor por la mala publicidad y controversia que acompañó Howl. Los que hayan leído a Allen saben que sus poemas están cargados de sexualidad, libertad emocional y una técnica libre que en su momento fueron catalogados como demasiado obscenos.
Con lo que para acompañar el casi absoluto monólogo de James Franco se acompañan las secuencias principales de escenas-esbozos del tribunal donde se juzgó la calidad ética de los poemas.
A parte de la línea narrativa de la propia caracterización de Allen Ginsberg, que aunque es sencilla está cargada de emotividad, hermosura y una fuerza lírica total; las imágenes que componen la segunda historia temporal son; sin embargo; nada más que un juicio de valor, valga la redundancia. Se hace evidente la posición de los guionistas y creadores del proyecto; tratando así la liberación del yo literario como efluvio artístico y como pureza sentimental por encima del todo.
Aún así nos encontramos ante una película documental, y también algo de ficción; que se aleja mucho del típico biopic que se esperaba. Tampoco es una descripción del movimiento beat, sino más bien una prueba fehaciente de como algunos textos han marcado un punto y aparte en nuevas generaciones, o igual un punto de inicio. Y en esta película se describe con mucha imaginación y un estilo muy propio.

[95/100]



Crítica: Howl

Crítica: The tourist

Muchas circunstancias nefastas se dan hora en esta película que termina siendo una interesante obra de sábado o domingo por la tarde para parejas románticas con tiempo libre. Para empezar es una versión de la francesa ‘El secreto de Anthony Zimmer’ con lo que cualquier remake americano de una original europea ya tiene que subir el listón para que la gente no nos quejemos de que no tiene chispa. Se decide otorgar la dirección al creador de ‘La vida de los otros’, el alemán Florian Henckel von Donnesmarck, que debutó muy bien con ese peliculón pero tiene un trabajo flojillo en ésta. Eso si, el nombre largo que no se lo quiten. Porque tiene para rato.

La trama se desarrolla, como mucha originalidad; entre las dos ciudades más románticas por excelencia, París y Venecia. ¿Cómo no? ¿Alguien está sorprendido? Yo desde luego no. Para ayudar a que la historia sea más fresquita tenemos a un malo malísimo ruso, que nunca puede faltar para dar heroicidad. Como colofón de malas promesas tenemos un guión que es terriblemente malo, flojo, falto de gracia que nos lleva a pensar porque los académicos han decretado que esta película sea una comedia. Reírme tampoco es que me haya reído mucho. Si acaso algunas frases de Johnny Depp que le ponen un poco de salsa y comedia a la hora y media de visionado, porque lo que
es Angelina Jolie está seca y fría como buena reina de hielo.

¿Podemos decir pues que The tourist es un thriller? JA! Creo que se pretende homenajear a  los antiguos filmes en blanco y negro, pero nada más lejos de la realidad. No hay drama, no hay tensión y el ritmo es nefasto. Es como una carrera de caballos que quizá sólo llega a salvar un poco la música y la fotografía; que dota de glamour la película a pesar de que el tiempo no acompañaba mucho. Eso si, Venecia es preciosa para amor o acción o lo que se tercie.
Frank Tupelo (Depp) es un turista norteamericano, profesor de matemáticas; que se enamora en el tren de una femme fatale misteriosa (Jolie) que le mete en las peores aventuras contra los malos mafiosos rusos. Pero a él le da igual y sigue ahí hasta el final.
Johnny Depp y Angelina Jolie se lo juegan el todo por el arte dando vida a los personajes intentando sacar a flote lo que estaba muerto antes de empezar. Si a esto añadimos que tienen pareja de británicos para aumentar el caché, pues mejor. Paul Bettany haciendo de policía de Scotland Yard y Timothy Dalton. Nuestro maléfico ruso es Steven Berkoff, otro hubiera sido una locura y una tontería.

Resumiendo, es previsible y falta de gracia. Si no fuera por la parejita de actorazos, aunque Angelina no se presta a grandes labores; sería un truño en toda regla. Me sorprende pues que los nominaran como mejores actores de comedia a los Globos de Oro, pero claro, como tampoco es una comedia… qué nos queda por ver.

[55/100]


Crítica: Neds

Glasgow, 1973. Estudiante e hijo modélico, John McGill (un desconocido Connor McCarron) se transforma de niño ejemplar a violento gamberro. De la mano de Peter Mullan, que lo mismo es actor que realizador; como se puede ver en sus trabajos anteriores e incluso en esta propia película donde hace el papel del padre borracho de John. De la mano de Mullan, repito; nos adentramos en esta obra de debate ético y filosófico. A mi entender se quiere mostrar como las circunstancias que rodean al chico, ya sea por su situación familiar de desamparo, pobreza e incluso miseria moral como su vida escolar o la terrible sociedad que le envuelve, le arrastran a un mundo de violencia y misterio cosmopolita. Se pone toda la carne en el asador para pincelar un retrato que no pretende ser un discurso de buenos modales sino una mera sucesión de causas, casualidades y caminos sin retorno que llevan a John a dejar de ser el niño perfecto para terminar dando más miedo que sus propios amigos. Gracias a la sombra y la reputación de su hermano mayor, John puede hacerse un nombre entre los matones sin que estos le toquen un pelo. Aun así la incomprensión en que se encuentra le lleva a una soledad interior, emocional pero sobretodo intelectual, tan grande que termina encontrándose ante un muro que cierra una calle y, metafóricamente; una vida.

Ante estas dos horas de absoluta verborrea de delinquismo se dibuja una imagen narrativa de como un comportamiento es alterado a manos de unas consecuencias fortuitas. Connor está absolutamente magnífico, añadiendo frescura, la frescura de lo inédito a su personaje y ayudando así que el filme no se convierta en una pesadilla cuando en la media hora final se da un cambio algo sugerente de un encontronazo con la religión. El porque de este giro dramático habría que preguntárselo a Mullan, que en su afán camaleónico le da una vuelta de tuerca total al ritmo de la película.

A diferencia de ‘Sweet Sixteen’ de Ken Loach o ‘This is England’ de Meadows, y más en la línea de ‘Las hermanas de Magdalena nos encontraremos ante un visionado crudo y puro en el estilo más cinematográfico posible; a nivel tanto de  historia (lineal de principio a fin) como de guión.

[85/100]