Archivo de la categoría: Terror

[Sitges 2011] The woman

[Esta entrada fue escrita y publicada para Nido de cuervos]

Se ha generado mucha expectación entorno a la última película de Lucky McKee. Aunque director desafortunado en las previas cintas yo guardo un grato recuerdo de May (2002), donde una sublime Angela Bettis me mantenía a la silla sin poder moverme. A pesar de toda la polémica generada en el visionado del Festival de Sundance, con esta película no van a haber desmayos ni hay una clara muestra de degeneración de la imagen femenina; tal y como aquel caballero gritaba en el video de promoción. Es una cinta donde se pone al límite la condición humana, más bien el monstruo que reside en algunas personas.

Co-escrita con Jack Ketchum, estas cuatro manos han originado el guión de la misma y, casi al mismo tiempo, la novela. Pensada como una secuela de Offspring (Andrew Van Den Houten, 2009), se puede ver totalmente independiente de ésta  ya que son dos historias diferentes. En Offspring nos hacemos eco de una ‘familia’ de caníbales y aquí, sólo vemos a una superviviente del clan vagando por el bosque.

La historia nos cuenta como un padre de familia, que aunque pretende ser mostrado como modélico huele a mierda por todos lados desde el primer minuto; sale de caza y se encuentra con una mujer salvaje que vive en el bosque. Ni corto ni perezoso decide secuestrarla para educarla de nuevo y convertirla en un ser civilizado. Nada más lejos de la realidad, por eso. Le cuesta poco empezar un proceso de continuas humillaciones y vejaciones en las que rápidamente se apunta el hijo también. La desgracia es acallada por las mujeres de una familia que vive en el más absoluto terror hacia la figura del padre, que no es más que un sádico con muchas emociones contenidas. A medida que padre e hijo van torturando a la mujer salvaje se masca la tragedia, una venganza que sabes que va a llegar por parte del elenco femenino y que igualmente te deja pegado al asiento.

Las interpretaciones son bárbaras. Tanto el padre de familia, Sean Bridgers, que es un hijo de puta como la copa de un pino y tiene una mirada que te deja seca como la madre obediente y asustada, Angela Bettis again; una actriz que tiene una expresión irrepetible están perfectas. Uno tras otro, los actores van acometiendo su rol dejándote plantada ante la película.

Sobre si deberíamos discutir la posible ‘misoginia’ de McKee, es prácticamente estúpido. Sus películas no tienen nada en contra de las mujeres y ésta, quizá más, o lo que vendríamos a decir; menos. McKee nos muestra a un hombre ambicioso de poder sobre los bienes y sobre las personas, un hombre violento, podrido, un ser totalmente descarnado de alma. Y no lo hace con un único personaje, como el padre. Sino que nos muestra un hijo que es una imagen calcada de su progenitor, un futuro aprendiz de maltratador y de sádico. En cambio, nos muestra unas mujeres fuertes, que luchan, que intentan huir del manto opresivo de la masculinidad, que piensan por si mismas (aunque algunas demasiado tarde) y que pueden salirse con la suya en una escala de justicia total.

Finalmente recalcar que es una cinta no apta para todos los públicos. Empieza con un mordisco y una bofetada pero es sólo eso, el principio de un gore y una violencia absoluto que tiene un crecimiento exponencial a lo largo de la misma. Es una escala que te va metiendo totalmente en la tortura con momentos altamente sangrientos.

Sobretodo es importante quedarse tras los créditos ya que ofrece un epílogo fuera de lo normal, sorpresa absoluta.

LO MEJOR: las interpretaciones maravillosas de todos los actores. Del primero al último se lucen de maravilla

LO PEOR: la banda sonora que acompaña la cinta. Un poco disonante para el tono de ésta.

[Sitges 2011] The Caller

[Esta entrada fue escrita y publicada para Nido de cuervos]

Para todos aquellos que hayan visto Frequency, esta película no les va a ofrecer un gran argumento original. La trama es muy básica y aunque en ocasiones esto ayuda, en este caso no es así. Mary Kee, una víctima de violencia doméstica, se traslada a una casa viejísima de la isla de San Juan para huir de su ex marido. Allí hay un teléfono más viejo que el comer que empieza a sonar dando lugar a unas conversaciones poco convencionales con una señora llamada Rose. No hay que ser muy lince para darse cuenta de que Mary habla con un punto en el tiempo en el pasado, sobre 1979. Al principio, haciéndose amiga de nuestra vieja Rose la ayuda a lidiar con su abusivo (violento) marido y Rose acaba excediéndose. Como Mary siempre ha vivido en San Juan, Puerto Rico; las líneas de acción que Rose toma en el pasado modifican la estructura del presente de Mary.

Personalmente creo que hubiera funcionado mucho mejor como corto o telefilm. La trama es la que hay, no tiene más. ¿Cómo hace el director, Matthew Parkhill; para sostener esto 90 minutos? Pues repitiendo una y otra vez las mismas acciones. Llamadas y más llamadas que no aportan nada y un par de subtramas totalmente anodinas que no nos pueden dar más igual. Una es la del ex marido, Ed Quinn, que pasa por el film como si se hubiera dejado la cartera sobre la mesa. Ahora entra, ahora sale. Ahora hace de malo, ahora no me acuerdo ni de que este personaje existía. Y la segunda, es la típica relación amorosa con el profesor de la universidad, que cae rendido a los pies de Mary Kee. Éste es Stephen Moyer, que aunque está correcto en su interpretación tiene un aura de Bill que no se puede quitar de encima. Y unas raíces italianas que me gustaría que alguien me explicara…

Sobre Mary Kee, Rachelle Lefevre; muy sobria. Intentando salvar la película en cada llamada telefónica, dando grititos y aportando todo la energía que puede para sostener un ‘terror’ nulo. Lorna Rover, nuestra Rose; tiene una voz embriagadora y digna de una dosis de horror. Pero su papel tampoco ofrece mucha chicha, con lo que se agradece cada vez que habla pero se asocia a la ‘pesadez’ de la iteración de las llamadas.

¿Visión global de la cinta? Como premisa estaba bien, era prometedora. En cuanto a original, ya habíamos visto algo parecido en películas anteriores, aunque no aplicadas al género de terror en exclusividad. El problema reside en que el guión, Sergio Casci; no da mucho juego y el director tampoco se lo ha currado en exceso. Ha tenido una idea y ha desarrollado un largometraje entorno a ella; pero no ha pensado que la idea es diminuta y se necesitaba un poco de aderezo para condicionarla. Mucha llamada y poca acción. Muchas veces lo mismo para explicar nada… y un final, que no quiero desvelar; totalmente patillero.

Yo me pregunto, si yo fuera el protagonista; ¿qué haría yo en esta situación? ¿Haría esto? ¿Podría llegar a esta conclusión? Y con esto, intento decidir si los finales son contundentes, son consecuentes con la línea argumental. ESTE NO LO ES…

Lo mejor: Rachelle y Lorna, que se trabajan mucho el papel.

Lo peor: que nos sobran 60 minutos de película.

Crítica: El habitante Incierto

Dado que hace poco vi Los Ojos de Julia y no quedé muy contenta con su visionado, decidí hacerme con la primera película de este joven director, Guillem Morales.

El Habitante Incierto es una de esas películas de las cuales no debería saberse mucho para disfrutarlas de verdad. Os diré que la historia habla de un arquitecto algo maniático y en buena posición, Félix (Andoni Gracia); que tras la separación con su novia Vera (Mónica López) cree que en su casa vive otra persona a escondidas. Saliendo cuando él no está y escondiéndose de él cuando le busca por la casa. Partiendo de esta premisa, no creo que debáis saber nada más; se construye una historia increíble.

Dicha historia parte la película en dos partes claramente divididas. En la primera tratamos la angustia de un hombre por descubrir si de verdad hay un intruso viviendo en su casa. La desesperación que proyecta esta primera etapa en el espectador se debe al dominio del espacio que ofrece el director. Se husmean huecos, recovecos y se espían rincones con unos movimientos de cámara discretos pero perfectos en sí mismos.

En la segunda mitad se da una vuelta de 180 grados que descoloca totalmente a los que la ven. Estamos en otra casa y los papeles se han tornado un poco, pero bueno, no digo nada más. Esta otra etapa se carga de un suspense que atormenta hasta la locura. Tiene unas escenas magistrales que culminan con una sorpresa mayor aún.

El guión es excepcional y es del mismo director de la película. Me sorprende que dejara a cargo de otra persona el guión de la segunda, porque podría haber conseguido algo tan genial como en esta primera sesión. Aún así no es una obra maestra pero es desde luego una pieza inigualable.

En cuanto al reparto de la misma, Andoni Gracia es un poco raro. Su personaje tampoco es el deleite de la simpatía, no creo que caiga muy bien. Además, la construcción de este personaje es dispar; es difícil imaginar que sus decisiones son acertadas o que le mueve a comportarse de una manera u otra. Se puede pensar que es un excéntrico y algo exagerado pero es mucho decir. Mónica López, sin embargo; está soberbia. En un papel doble (vaya, esto en Los Ojos de Julia también pasa) a cual más diferente y clavado en ambos. Maravillosa Mónica.

Me extraña tanto que esta película durara una semana en los cines, es un gran thriller con diferencia. Nunca nos hartamos de ver mierdas en el cine y luego desaprovechamos buen cine español. Ay, ¡qué vamos a hacer!

[80/100]


Los ojos de Julia

Como primer detalle no puedo más que comentar la similitud de esta película con su predecesora, El Orfanato; donde nos queda claro que ambas cintas comparten algo más que productor. Por otro lado, y hablando de Guillermo del Toro; este tipo tiene un don, una visión para echarle el ojo a jóvenes promesas. Como ya ha demostrado en dos ocasiones anteriores, en este caso descubre a Guillem Morales, un joven catalán de Barcelona que brilló por “El habitante incierto”.  En este caso, nos presentan de la mano Los ojos de Julia, un thriller muy en la línea de lo ya conocido pero con unos tintes originales. Afortunadamente, un acierto es utilizar otra vez a Óscar Faura en la fotografía, que es perfecto para crear vida en la sombra y hacer que la oscuridad nos aceche desde todas partes. También se repite músico y se consigue una gran labor en este campo también

La historia se centra en Julia, Belén Rueda (otra repe); que presiente la muerte de su hermana y se introduce de lleno en una historia de intriga para descubrir al asesino de Sara mientras una enfermedad degenerativa le gana la batalla. Personalmente creo que Belén Rueda ha perdido bastante su toque, si es que lo tuvo. Su interpretación es exagerada y en ocasiones demasiado melodramática. Pero parece ser un factor que tienen todos los actores en común. Incluso Julia Gutiérrez Caba es un trazo estereotipado de la loca de los gatos.

Existe una línea fundamental verdadera, totalmente única y original; por parte del director de dotar algunas escenas de ideas genuinas. Por ejemplo el hecho de que no podamos ver la cara de las personas que Julia no ha podido ver porque ya está ciega. Eso es un detalle de una belleza espectacular, por su tono perturbador y por el juego de sombras que envuelve estas escenas.

Otra de estas ideas es su imaginación visual para convertir en personajes algunos objetos, tal y como hiciera Alfred Hitchcock en su momento. Para nosotros, es un llavero misterioso.

A pesar de estas grandes aportaciones, la cinta es quizá demasiado larga y debe ser este uno de sus mayores inconvenientes. Si Guillem hubiera podido condensar la trama en algunos minutos menos y se hubiera saltado la divagación sobre astronomía final, le hubiera quedado una película mucho más redonda.

Parecidos o no con El Orfanato, lo cierto es que es un film intrigante ya que el sentido de la vista es especial. Es posible ingeniar grandes juegos que atraigan al público; como jugar con la ansiedad de lo que no se ve pero se presiente. El juego con el fundido al negro. Grandes clásicos han tratado esta deficiencia para provocar al espectador.

Me gusta el uso de la no-visión en esta cinta pero me falla el cambio de ritmo que se produce en la tercera parte de la misma. El tono, el compás y prácticamente la atmósfera que envuelve la película dan un giro de 180 grados. Demasiado súbito.

[70/100]

Crítica: Al final de la escalera

De sobras conocida, Al final de la escalera es una obra maestra del cine de terror. Dirigida en 1979 por el húngaro Peter Medak, el toque anti-americano de buen gusto se nota en cada plano gracias a su aportación.

El argumento es sencillo e intrincado a la vez. John Russell (George C. Scott), de vacaciones con su familia; es testigo de un accidente automovilístico que sesga la vida de su mujer e hija. Ante el drama que ello conlleva, se muda a Oregon a dar clases de música de nuevo y componer tranquilamente en su nuevo caserón, que una amiga le ha conseguido. Una vez allí, extraños ruidos, puertas que se abren y se cierran dan pie a unas pesadillas que ya no pueden explicarse con respuestas lógicas. John se meterá de lleno en una espiral de espíritus y una búsqueda de la verdad sobre la casa encantada en la que ha ido a parar. El asunto es una historia de intrigas complejas que tiene un final mucho más perturbador de lo que esperarían.

Esta cinta no se caracteriza por mucha sangre, ni gore, no hay grandes efectos especiales, ni CGI, tampoco hay adolescentes que corren dando gritos. Más bien tenemos una serie de elementos morbosos, como una silla de ruedas infantil que da bastante grimilla o unos hallazgos macabros. Su toque clásico es un ejemplo de cómo rodar una película de terror, con una fotografía exquisita, una música sugerente y un ambiente tenso que se prolonga las casi dos horas que dura el metraje. La historia avanza lentamente y el ritmo se carga a base de golpes secos. Se agradece la falta de monstruos poco creíbles que pueblan las películas actuales.

La labor de los actores es extraordinaria, empezando por George C. Scott; que se sumerge de lleno en un ritmo pausado pero en una crisis trepidante de tensión y de intriga espeluznante.

El nivel de la película es alto gracias a los sustos imprevistos que te levantan de la silla y los silencios prolongados de la propia casa. Y son mucho mejor que cualquiera modernez de las películas que asaltan nuestros cines ahora.

Por algo es una película que ha conseguido homenajes, remakes y adaptaciones de muchas cintas seguidoras, a la mente me viene la famosa El último escalón, con un Kevin Bacon abierto a la parapsicología.

[90/100]

Crítica: I saw the devil

Esta nueva película de Kim Ji-Woon se envuelve de un ambiente muy preparado para enganchar a cualquiera desde el minuto uno. Se esperaba una orgía de sangre sin igual teniendo en cuenta que en la propia Corea había sido clasificada para mayores de 18, mucho decir es ese viniendo del mundo asiático, donde las películas violentas están a la orden del día.

Entre el director, que todos recordamos por grandes títulos (A tale of two sisters, A bittersweet life), y los dos actores principales, Lee Byung-hyun (A Bittersweet Life, The Good The Bad And The Weird) y el impresionante Choi Min-Sik (Oldboy) tenemos un trío escalofriante para presentar una película sino peculiar.

El argumento no deja frío. Un psicópata realmente cruel que se divierte matando a mujeres o niños, lo que surja; por placer se ceba con la hija de un policía retirado. Lo que no sospecha es que el novio de ésta, un agente secreto; va a vengarse con creces de su asesinato y todos los que ha cometido.

Cabe decir que la cinta es una guerra de sangre, escenas violentas y tensión sin fin. Pero que presenta además un debate psicológico sobre hasta que punto la venganza se sostiene moralmente, el hecho de convertirse en un monstruo para castigar a otro. Ajeno a toda discusión ética, tenemos una lucha continua entre dos gigantes que se comen la pantalla en una explosión de violencia que surge de la pasión de los propios personajes, sus emociones, motivaciones y sobretodo sus arrebatos.

Tal y como dijo el propio Ji-Woon: “Mi cine habla sobre la influencia de la violencia en la sociedad contemporánea. Creo que es algo muy presente entre nosotros. En este caso se trata de un hombre que se convierte en diablo para poder castigar a otro diablo. Con este argumento no podría ser de otra manera, la violencia tiene que estar muy presente”. Prácticamente dos horas y media de historia agotadora. Sabemos que Ji-Woon se basó en el uso de colores que David Fincher tocó en Zodiac y ciertamente consigue un trabajo logrado, un acabado artístico precioso. El toque de película de terror de los 70 que tanto buscaba.

No se debe caer en las comparaciones, tan odiosas; y que tanto se han oído por ahí. Como Hostel de Eli Roth. Para mi, nada que ver una con otra; porque I saw the devil tiene un toque mágico dentro del círculo rojo y viciado. Es una mezcla entre serial killer y retrato psicológico del horror de unos personajes muy bien dibujados. Son terriblemente creíbles, hasta el punto de que la empatía produce miedo en si misma.

[95/100]

Crítica: The Reef

Tras Black Water, un thriller de bajo presupuesto sobre cocodrilos; Andrew Traucki dirige y escribe esta segunda película pero esta vez basada en tiburones. La historia está basada en hechos reales y nos cuenta el problema con que se encuentra un grupo de amigos cuando navegando para visitar el “Great Barrier Reef”, el arrecife más grande del mundo que está en Australia; el barco vuelca y el grupo se separa para ir nadando hasta la próxima isla, Isla Tortuga; donde buscar ayuda. Las cosas se ponen feas cuando un gran tiburón blanco decide seguirles.

Un detalle interesante sobre lo que nos presenta Traucki es que las tomas de los tiburones las han rodado para la película, con tiburones de verdad. Nada de CGI, animatronics o imágenes de documentales, si no 4 días de rodaje en Port Lincoln en el sur de Australia con tiburones blancos reales. Esto le otorga, desde luego; un aire de realismo y verosimilitud a las escenas.

La elección del grupo actoral me gusta. Todos australianos; Gyton Grantley, Damian Walshe-Howling, Zoe Naylor y Adrienne Pickering. Kieran Darcy-Smith completa el reparto. Me gusta que las chicas no sean las típicas actrices anoréxicas que vemos en las películas de bikinis y sol. Creo que sus interpretaciones son correctas aunque el papel de Suzie (Adrienne) es un poco arquetípico.

Puedo decir que The Reef no es más que un thriller sobre tiburones. No tiene una moraleja ni un contexto social, no es más que una película con mucha tensión y mucha agua. Tiene una fotografía preciosa como todas las películas que tienen como escenario el mar y el submarinismo, a mi modo de ver. Grandes corales, fauna diversa, colores imposibles. Es un mundo diferente al que vivimos normalmente, fuera del agua. El ritmo es peculiar, algo lento al principio y algo más trepidante al final. La acción y la tensión me parecen correctas. Tiene buenos picos de nervios y en general los planos grabados bajo el mar son muy intrigantes. La escena en la cual se rompe la embarcación está rodada desde dentro de un camarote y es completamente caótica porque no se entiende nada, en mi más humilde opinión es un punto positivo. El desenlace; sin embargo, es algo previsible pero de hecho, es una historia que pasó realmente. Todo aquel que la conociera ya sabía como terminaría.

Sin más, quiero acabar diciendo que no hay que visionar El Arrecife esperando una gran cinta, no es más que un thriller sobre tiburones, repito. Si te gustan los grandes depredadores del mar y te gusta la ambientación acuática, es una buena opción. Aunque tenga mucho más presupuesto que Black Water no deja de ser una producción australiana, muy alejada de lo que hubiera sido una película americana.